Delirios
Qué harías si pudieras volver a vivir algún momento…. sabiendo lo que sabes ahora?
Lo que somos hoy es el fruto de todos los momentos que vivimos, y decisiones que tomamos.
Tiendo a pensar mucho cada cosa que hago, creo que de tener la oportunidad trataría de disfrutar más el momento, actuar sin pensar en las consecuencias, no callar lo que sentía y demostrarlo. La vida me ha dado la oportunidad de conocer personas muy especiales, me habría gustado que supieran lo que han significado.
Hace ya un año que no estas físicamente con nosotros, sin embargo tu presencia nos acompaña, tu inmortalidad reside en cada uno de tus novelas, cuentos, poemas, en cada uno de tus versos, en cada palabra.
PASATIEMPO
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía
cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros
ahora veterano
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra
Mario Benedetti
Los inmortales y la muerte , Viento del exilio
Picardía e ingenuidad reflejan, además de sus palabras, sus ojos verdes que producen al mirarlos sensación de paz y armonía. Tez blanca y delicadas facciones completan la imagen de su rostro.
Extrovertida y con extraordinarias habilidades artísticas, se convierte fácilmente en el centro de cualquier conversación. Así es ella.
Calmado, paciente, analítico y asertivo, experto en un amplio rango de temas que le permiten desenvolverse con naturalidad en diferentes contextos. Un poco tímido e introvertido, gracias a lo cual ha ganado la fama de hombre de pocas palabras. Sus ojos reflejan sabiduría y comprensión, una sonrisa constante refleja su paz interior.
Ella, artista plástica prometedora que a pesar de su juventud, o tal vez gracias a ella, se ha convertido en parte de la élite nacional. Él, por su parte, dedicado a la academia y profesor de una de las universidades más importantes del país.
Cada vez que pienso en la gran capacidad para hacer daño del ser humano pienso en un plan de la naturaleza para auto-destruirse como la única explicación para su existencia. Existen formas más eficientes para acabar con el mundo, como un meteorito, una inundación, la muerte del sol, llamas solares gigantes, una epidemia global…
Sin embargo la naturaleza parece haber optado por la opción más cruel y lenta posible, una especie con hambre voraz, con ambiciones desmedidas y con la idea de que el mundo es suyo —no como especie sino de cada individuo— y con las habilidades e inteligencia suficientes para modificar su entorno, pero no para darse cuenta de las consecuencias. El ser humano se desenvuelve muy bien en éste papel, destruyendo todo aquello que está en sus manos, sin embargo puede que no llegue a destruirlo todo porque cada vez se ha enfocado más en destruirse a sí mismo.
“Breve et irreparabile tempus omnibus est vitae.” Virgilio
No podía recordar un instante en que no estuviera pensando en ella. En eso se habían convertido sus días, semanas y meses en el último año, su vida ahora era sólo un cúmulo de recuerdos de un tiempo pasado.
No importa cuánto trate de traerla con sus recuerdos, no volverá, él lo sabe y se conforma con vivir en una época diferente a su absurda realidad, el mundo sin ella no tiene color, no tiene sentido.
Ese día había algo diferente, dejó su oscura oficina, caminó por la plaza y por primera vez en mucho tiempo observó los rostros de las personas y sintió cómo había dejado de pertenecer a éste lugar. Pensó en él, en su vida, en su trabajo, pensó en su tiempo. “Su tiempo”, que había dejado de ser suyo para ser de ella. ¿Cómo recuperarlo?, ¿Quería hacerlo?
Esa noche era diferente, tenía la firme intensión de recuperar “su” tiempo. Esa noche fue libre. Esa noche fue… la última noche.
–Christian Ariza
El ser humano es complejo, producto de siglos de adaptación a un medio en constante cambio. Esta adaptación es evidente en nuestro instinto, dotándonos de habilidades y comportamientos que se formaron como respuesta a una necesidad precisa.
Sin embargo el ser humano no es meramente instintivo, es capaz de desarrollar complejos racionamientos para tomar sus decisiones. Aunque como seres humanos tratamos de creer que nuestras decisiones son racionales, lo cierto es que muchas veces son intuitivas o resultado de nuestro instinto más básico. Las decisiones intuitivas no son necesariamente equivocadas y muchas veces son tan o más acertadas como las que son producto de análisis profundos y complejos. Si tomáramos en cuenta toda la información al tomar una decisión, tardaría demasiado tiempo.
Partiendo de esta premisa no debemos tratar de racionalizar cada una de nuestras decisiones, sin embargo es importante no dejarnos llevar por algunos errores comunes a los que nos lleva nuestra intuición, que se derivan de mecanismos desarrollados en una época diferente a la actual y sin los cuales probablemente no habríamos sobrevivido.
Todo esto para decir que, no importa cuanto tratemos de negar nuestra naturaleza, es muy difícil (si no imposible) huir de nuestra humanidad.
¿Todo tiempo pasado fue mejor?
Bueno, yo no diría eso, pero es cierto que cuando vemos hacia atrás en el tiempo recordamos en mayor medida, y de forma idealizada, los momentos felices.
Hay días en los que la nostalgia nos invade, llevándonos a un lugar feliz, perfecto, alejado de la realidad del día de hoy, momentos en los que queremos que todo vuelva a ser como antes. Por eso es necesario recordar que lo que vivamos hoy será aquello que evocaremos mañana, está en nuestras manos forjar nuestras historias y nuestros recuerdos.
