Posts Tagged ‘Humanidad’
Cada vez que pienso en la gran capacidad para hacer daño del ser humano pienso en un plan de la naturaleza para auto-destruirse como la única explicación para su existencia. Existen formas más eficientes para acabar con el mundo, como un meteorito, una inundación, la muerte del sol, llamas solares gigantes, una epidemia global…
Sin embargo la naturaleza parece haber optado por la opción más cruel y lenta posible, una especie con hambre voraz, con ambiciones desmedidas y con la idea de que el mundo es suyo —no como especie sino de cada individuo— y con las habilidades e inteligencia suficientes para modificar su entorno, pero no para darse cuenta de las consecuencias. El ser humano se desenvuelve muy bien en éste papel, destruyendo todo aquello que está en sus manos, sin embargo puede que no llegue a destruirlo todo porque cada vez se ha enfocado más en destruirse a sí mismo.
El ser humano es complejo, producto de siglos de adaptación a un medio en constante cambio. Esta adaptación es evidente en nuestro instinto, dotándonos de habilidades y comportamientos que se formaron como respuesta a una necesidad precisa.
Sin embargo el ser humano no es meramente instintivo, es capaz de desarrollar complejos racionamientos para tomar sus decisiones. Aunque como seres humanos tratamos de creer que nuestras decisiones son racionales, lo cierto es que muchas veces son intuitivas o resultado de nuestro instinto más básico. Las decisiones intuitivas no son necesariamente equivocadas y muchas veces son tan o más acertadas como las que son producto de análisis profundos y complejos. Si tomáramos en cuenta toda la información al tomar una decisión, tardaría demasiado tiempo.
Partiendo de esta premisa no debemos tratar de racionalizar cada una de nuestras decisiones, sin embargo es importante no dejarnos llevar por algunos errores comunes a los que nos lleva nuestra intuición, que se derivan de mecanismos desarrollados en una época diferente a la actual y sin los cuales probablemente no habríamos sobrevivido.
Todo esto para decir que, no importa cuanto tratemos de negar nuestra naturaleza, es muy difícil (si no imposible) huir de nuestra humanidad.