life

Durante una noche de julio de 2015 tuve un sueño. Soñé que estaba sentenciado a muerte, y estaba en un cuarto esperando a que se llevara a cabo la sentencia. Durante la espera podía recibir visitas, siempre había a mi lado dos personas que iban cambiando. Vi personas que me han acompañado en diferentes etapas de la vida, que he querido y quiero, aunque a algunas hace años no las vea ni sepa de ellas.

Fue un sueño alegre, aunque el tema no lo indique.

El día siguiente quise escribir algo sobre él, pero las ocupaciones del curso intersemestral que estaba dictando, que tenía clase en la mañana y en la tarde, me distrajeron. Almorcé con una de las personas que vi en el sueño, pensé en contarle de él, pero sentí que no era un buen momento. Hice una pequeña anotación en mi agenda para recordarlo, para escribir cuando llegara a casa, “La vida es una sentencia a muerte”. Aunque llegué a casa con intención de hacerlo tuve que cambiar de planes, una parálisis facial, que probablemente tuve desde medio día y explicaría la lágrima que quería salir durante la sesión de la tarde en la clase de una forma menos romántica de lo que quisieran mis estudiantes, me obligó a pasar la noche en una sala de urgencias.

life

Con las terapias y citas médicas que siguieron, olvidé escribir sobre el sueño. Ahora, 2 años después, escribo esto porque llevo algunos meses recordándolo con frecuencia, probablemente por Gabriela.

Hay personas que sólo necesitan una palabra para volverse memorables. Personas que sorprenden por su sabiduría, su motivación o su energía.

La conocí durante las pocas semanas que fue estudiante de uno de los cursos que dicté el año pasado. A pesar de haber tenido que faltar a algunas de las clases, por la misma razón que al final tuvo que cancelar el semestre, mostraba una motivación e iniciativa desmedida. A pesar del corto tiempo compartido, su muerte, en enero de este año, me llenó de tristeza. Es un recordatorio de lo importante de la actitud frente a la vida, del impacto que puede tener en quienes la comparten con nosotros, pero también de que es efímera.

Shelter

No es raro verlo sentado observando el horizonte, contemplativo. Esta vez, sin embargo, tiene un aire diferente, un aura de tristeza lo envuelve. Es una escena que parece existir en un plano diferente, cercano pero inalcanzable. Sentado a pocos metros de la puerta de la casa, en el pasto, pero viviendo en un mundo lejano habitado únicamente por sus pensamientos que, a su vez, giran en torno a un único ser.

Su madre, que lo observa un poco preocupada desde la cocina, está lejos de imaginarse el porqué de este repentino marasmo. En la mañana había estado feliz, tanto como para notarlo a pesar de que nunca ha sido muy expresivo. Había estado leyendo, como de costumbre, aunque con una libreta en su mano escribiendo en ocasiones. Después del almuerzo había salido a caminar por la vereda, lo que se había hecho costumbre en el último mes. Hoy volvió más temprano y desde entonces está allí.

Todas las vacaciones llegaban a esta casa, en una pequeña zona rural lejos del ruido y el frío de la ciudad. Pronto se acabarán los dos meses de descanso. Él disfrutaba la tranquilidad del lugar, le gustaba leer y pasear por los alrededores de la casa. Hace un mes se alejó un poco más que en las ocasiones anteriores y encontró una pequeña cabaña deshabitada, que era usada por los trabajadores en época de cosecha.

Shelter

Se convirtió en su refugio, un lugar dónde olvidarse del mundo y descubrir mundos nuevos. Además, aunque no lo admitirá fácilmente, estaba fascinado por la vista: todas las tardes una niña, más o menos de su edad, se veía bailando, sola y sin música, en una casa cercana y el tenía el mejor asiento para disfrutar de la función. Todas las tardes él venía a la cabaña y, sin falta, ella ejecutaba su, cada vez más sublime, interpretación. Hay quien dice que la danza es la más pura forma de comunicación, para él sin duda era así, sentía que la conocía desde siempre a pesar de nunca haber hablado.

 Hace una semana decidió que debía hablarle, pero no sabía qué decirle. Esa aproximación sería una nueva experiencia, así que decidió planearla de manera cuidadosa. Sus palabras le parecían inadecuadas, las comparaba con aquellos personajes de novela que siempre tienen la palabra precisa para cada momento. Decidió que escribiría una carta, pero la leería al presentarse con ella. Continuaba asistiendo a la cita tácita, escribir se volvía mucho más fácil cuando la veía. Nunca parecía estar terminada.

Esta mañana decidió que estaba listo. Después del almuerzo tomó su carta y caminó, un poco nervioso, hasta la cabaña. Esperó la hora habitual pero la función, que había tenido una puntualidad ejemplar,  no empezaba. Esperó un poco más, mientras observaba la cabaña. De repente vio un pequeño papel, pegado al lado de una de las ventanas:

“Ha sido un privilegio contar con un público tan fiel. Lamentablemente la gira de verano ha terminado y debo regresar a la sede de la programación permanente, en la ciudad. Espero que, en una próxima oportunidad, pueda conocer un poco más de cerca al espectador que disfruta la danza tanto como yo.

 

A.”

Qué harías si pudieras volver a vivir algún momento…. sabiendo lo que sabes ahora?

Lo que somos hoy es el fruto de todos los momentos que vivimos, y decisiones que tomamos.

Tiendo a pensar mucho cada cosa que hago, creo que de tener la oportunidad trataría de disfrutar más el momento, actuar sin pensar en las consecuencias, no callar lo que sentía y demostrarlo. La vida me ha dado la oportunidad de conocer personas muy especiales, me habría gustado que supieran lo que han significado.

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Bueno, yo no diría eso, pero es cierto que cuando vemos hacia atrás en el tiempo recordamos en mayor medida, y de forma idealizada, los momentos felices.

Hay días en los que la nostalgia nos invade, llevándonos a un lugar feliz, perfecto, alejado de la realidad del día de hoy,  momentos en los que queremos que todo vuelva a ser como antes. Por eso es necesario recordar que lo que vivamos hoy será aquello que evocaremos mañana, está en nuestras manos forjar nuestras historias y nuestros recuerdos.

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