El ser humano es complejo, producto de siglos de adaptación a un medio en constante cambio. Esta adaptación es evidente en nuestro instinto, dotándonos de habilidades y comportamientos que se formaron como respuesta a una necesidad precisa.

Sin embargo el ser humano no es meramente instintivo, es capaz de desarrollar complejos racionamientos para tomar sus decisiones. Aunque como seres humanos tratamos de creer que nuestras decisiones son racionales, lo cierto es que muchas veces son intuitivas o resultado de nuestro instinto más básico. Las decisiones intuitivas no son necesariamente equivocadas y muchas veces son tan o más acertadas como las que son producto de análisis profundos y complejos. Si tomáramos en cuenta toda la información al tomar una decisión, tardaría demasiado tiempo.

Partiendo de esta premisa no debemos tratar de racionalizar cada una de nuestras decisiones, sin embargo es importante no dejarnos llevar por algunos errores comunes a los que nos lleva nuestra intuición, que se derivan de mecanismos desarrollados en una época diferente a la actual y sin los cuales probablemente no habríamos sobrevivido.

Todo esto para decir que, no importa cuanto tratemos de negar nuestra naturaleza, es muy difícil (si no imposible) huir de nuestra humanidad.

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Bueno, yo no diría eso, pero es cierto que cuando vemos hacia atrás en el tiempo recordamos en mayor medida, y de forma idealizada, los momentos felices.

Hay días en los que la nostalgia nos invade, llevándonos a un lugar feliz, perfecto, alejado de la realidad del día de hoy,  momentos en los que queremos que todo vuelva a ser como antes. Por eso es necesario recordar que lo que vivamos hoy será aquello que evocaremos mañana, está en nuestras manos forjar nuestras historias y nuestros recuerdos.

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