Cada vez que pienso en la gran capacidad para hacer daño del ser humano pienso en un plan de la  naturaleza para auto-destruirse como la única explicación para su existencia. Existen formas más eficientes para acabar con el mundo, como un meteorito, una inundación, la muerte del sol, llamas solares gigantes, una epidemia global…

Sin embargo la naturaleza parece haber optado por la opción más cruel y lenta posible, una especie con hambre voraz, con ambiciones desmedidas y con la idea de que el mundo es suyo —no como especie sino de cada individuo—­ y con las habilidades e inteligencia suficientes para modificar su entorno, pero no para darse cuenta de las consecuencias. El ser humano se desenvuelve muy bien en éste papel, destruyendo todo aquello que está en sus manos, sin embargo puede que no llegue a destruirlo todo porque cada vez se ha enfocado más en destruirse a sí mismo.

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