Cuando era pequeño, en la casa de mi abuela, en un libro que nunca volví a encontrar y que no sé cómo llegó a mis manos, leí sobre una interpretación del universo (probablemente influenciada por doctrinas filosóficas de India) que afirmaba que la verdadera forma de los seres humanos es el alma inmortal y su objetivo es alcanzar la sabiduría y, a través de ella, la iluminación.

Camino

Según esa interpretación la existencia en este mundo es una forma de aprender. El alma encarna tantas veces como sea necesario para aprender de sus vivencias y llegar a la sabiduría.  Almas jóvenes conviven con almas que han pasado por varias vidas y que han acumulado conocimiento, pero también corrupción. En todas las vidas se aprende, pero este conocimiento puede llevar a la iluminación o a la perversión. En ocasiones, algunos seres que han alcanzado la iluminación deciden volver para enseñarle el camino a aquellos que quedan atrás.

Hace poco estaba pensando que, según este modelo, el mundo va en decadencia: es un curso lleno de estudiantes problemáticos, en la que la voz de los guías se pierde entre el ruido.

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